EL PROTOCOLO TUYO Y MIO

4 Oct

Protocolo: ¿ciencia, técnica o arte?

 

Es más difícil encontrar donde otras personas ya han buscado, donde la sabiduría al igual que la tierra ya ha sido removida, y donde las palabras confunden al viajero que camina en busca de respuestas.

Que difícil tarea llegar a una conclusión, sobre cuál es el vocablo que mejor define el protocolo, cuando es más antiguo que la escritura. El camino es largo y su origen dudoso, aunque podemos partir del primer código en la historia de la humanidad, el Código Hammurabi datado aproximadamente del 1750 a.C. sin duda esta longevidad nos  hace plantearnos las infinitas posibilidades que nos ofrece un simple término, un compendio de historia, sabiduría y belleza.

Los expertos dudan, se contradicen y complementan, ante esta pregunta sobre la verdadera esencia del protocolo. Una de las personas que es paradigma del protocolo, Don José Antonio de Urbina, define el protocolo como “el arte y la técnica de crear las formas necesarias para que la acción del Estado se realice dentro de unos términos o cauces adecuados, en lo que a las necesidades del Estado requiere en la organización y desarrollo de los actos”. Esta es solo una de las múltiples definiciones que podemos encontrar en la abundante bibliografía de este autor consumado, contrastémosla con otra de sus afirmaciones, para dejar claro su punto de vista en este asunto, Don José Antonio Urbina también define el protocolo como: “ Aquella disciplina que, con realismo, técnica y arte, determina las estructuras o formas bajo las cuales se desarrolla una actividad humana pluripersonal e importante; con el objeto de su eficaz realización y, en último lugar, de mejorar la convivencia”. Podemos apreciar las diferencias entre ambas definiciones, pero el denominador común sigue siendo el mismo, para uno de los grandes expertos en protocolo de nuestro tiempo, este mismo se define como técnica y arte. Pero analicemos el porqué de estas dos enigmáticas palabras.

¿Por qué un arte?, sencillamente, porque el saber tratar, tanto a las personas, como saber jerarquizar el espacio y el tiempo, requieren arte y no solo normas, pues todo no está escrito y menos sobre el comportamiento del ser humano que como hemos comprobado durante siglos aún hoy nos puede sorprender. El arte del protocolo, reside en su belleza, en su magnificencia a la hora de presidir cualquier acto de la vida social u oficial, esta siempre hay, como si de una sombra se tratase, como si el ritmo de los acontecimientos y su estética dependieran de un maestro de ceremonias, inquieto, translucido y escurridizo como es el protocolo.

Y cuál es el porqué de la técnica, según la Real Academia de la Lengua una técnica es entre otras cosas es un conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o arte. Esta definición es cuanto menos curiosa ya que si nos paramos a pensar, y aunque este sea un acto que realizamos tanto como debiéramos, la técnica es engullida por la ciencia y el arte, siendo esta la sirvienta de ambas, en sus procesos tanto de investigación como de creación. Por lo que podemos decir que el protocolo sea arte o sea ciencia, siempre es técnica, ya que esta misma forma parte de las dos anteriores.

El prestigioso profesor y experto en protocolo, Señor Vilarrubias, define al protocolo con dos palabras: “es una ciencia y un arte, la quintaesencia de la sociedad que puede compararse a una pirámide, a la  composición pictográfica del entierro del Conde de Orgaz, al Monasterio del Escorial y a la solemnidad de la tocata y fuga de Juan Sebastián Bach”. Una ciencia que trata temas referentes a la diplomacia, la historia, la heráldica, e infinitos temas más y un arte que trata de conjugar la armonía, la estética y el estilo. Increíble pero cierto, ahora la pobre técnica es excluida de la definición. Pero como ya hemos dicho anteriormente no puede ser realmente excluida, ya que forma parte de la ciencia y el arte, está en ellas y por lo tanto es indivisible de las mismas.

Ni mucho menos está en mi mano corregir, y menos criticar las definiciones, comentarios o afirmaciones de expertos en la materia, sino que me gustaría dejar entrever poco a poco mi opinión, sobre un tema que es como mínimo asombroso y complicado.

Las investigaciones de María Teresa Otero Alvarado, nos llevan por un largo recorrido histórico y transportan nuestra mente a lugares en los que nunca creímos que el protocolo pudiera vivir. Podemos consultar los escritos de los más grandes en protocolo, Francisco López Nieto, José Pablo Arévalo García-Galán, Tomás Chávarri y muchos más y nunca llegaríamos a un entente cordial, pues el protocolo es tan extenso como los autores que intentan definirlo.

Tras mucho leer, consultar y analizar, me encuentro en disposición de dar mi más humilde opinión sobre la disyuntiva que se nos plantea. Si el protocolo forma parte de cada una de las ciencias que rigen nuestra vida, pues se nutre de ellas, como bien podemos observar en el libro de José Pablo Arévalo “La Ciencia del Protocolo”, en el que la ciencia se define como”campo de doctrina metódicamente formado y ordenado que constituye una rama particular del saber”  y  podemos afirmar sin duda alguna que el protocolo es una de las ramas de los saberes de la humanidad. Conscientes de que la técnica es parte de la ciencia, está claro que podemos confirmar que el protocolo es ciencia y técnica en sí mismo. Pero si hablamos del arte y del protocolo, no es solo, que el protocolo tenga arte, sino que el protocolo es arte en sí.  Y el porqué es sencillamente que controlar, tiempo, espacio y personas requiere mucho más que normas, herramientas, ciencias o técnicas. El arte es la virtud o la habilidad para hacer algo y saber realizar protocolo es sin duda una habilidad y por lo tanto un arte. Por lo que me veo en la obligación de concluir que el protocolo lo es todo, arte, ciencia y técnica, pues es capaz de englobar estas tres premisas a las que nos enfrentábamos al principio de esta exposición. El protocolo lo es todo en nuestra vida diaria, en la vida social, en el ámbito oficial, en el de investigación, incluso en la individualidad del ser humano.

El protocolo se materializa por tanto con la ciencia, la técnica y el arte, puesto que  estas tres ramas lo hacen único y lo convierten en el tronco cuya sombra vive a nuestro lado, rigiendo y ayudándonos a llevar con la mayor rectitud posible nuestras vidas.

Por: Isabel Adriana Vázquez Sacristán.

Anuncios